
A la pequeña Marina le encanta el otoño.
Le gusta levantarse temprano y ponerse sus zapatos rojos, subirse a la vieja bicicleta de papá y sentir como el viento se enreda en su pelo.
Cuando llega al parque, se descalza y empieza a corretear sobre las hojas. Mientras tanto, escondido y silencioso, el pequeño Pablo observa fascinado, con su gato negro de ojos verdes al brazo, esperando reír algún día con ella.